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| Tomada de www.limaenescena.com |
Sólo alguien que de verdad ha estudiado para ser instrumentista de cuerda sabe lo difícil que es que los movimientos de la mano izquierda coincidan con la música, cuando no es uno el que toca y más aun cuando no tiene el instrumento en sus manos, es por eso que me atrevo a decir que uno de los puntos fuertes de la película, “El Gran Concierto”, radica en el montaje y las actuaciones, en la capacidad de unir las imágenes con la banda sonora y en la de los actores para hacernos creer que de verdad estamos ante un magnífico concierto, es así como el film llega a su punto de esplendor en la escena del concierto final, cuando el flas back que da cuenta de la verdadera historia de Lea, la violinista estrella de la orquesta del Bolshoi, se alterna con las imágenes del presente, y las digitaciones de madre e hija se unen para formar una sola interpretación del concierto para violín Opus 35 de Tchaikovsky.
Sin embargo hay algo que llama más la atención del espectador casual, el guión que basándose en la forma en que los griegos describían la tragedia humana a partir del humor, cuenta la historia de Andreï Filipov, uno de los más grandes directores rusos que en busca de la armonía perfecta pierde su vida y su dignidad, cuando decide proteger a sus músicos judíos y se enfrenta al régimen comunista ruso de los años 80´, personaje que 30 años después decide que es hora de darse otra oportunidad y terminar lo que había quedado inconcluso.
Si bien cumple con la función de entretener, también de manera implícita nos educa, al mostrarnos esa cara del comunismo que asfixió la sociedad durante tantos años, en la que los niños tenían que ser sacados de los países, escondidos en los estuches de los instrumentos y en la que los que iban contra el régimen eran castigados con artimañas más abruptas que la muerte, como el caso de Filipov y su amigo Sacha, condenados a vivir en la miseria, alejados de su más grande amor, la música, después de haber alcanzado la gloria. Treinta años que nunca se recuperarán.
Una de las criticas más grandes al comunismo, sin dejar de ser hermosa y poética, se plasma en uno de los diálogos de la película, cuando después de iniciado el concierto la orquesta no logra conseguir una buena interpretación, la trompetas (uno de los instrumentos más importantes en la música de Tchaikovsky) se desafinan y el tiempo es constantemente inestable, entonces Iván, el manager de la orquesta, líder comunista consagrado, eleva la mirada hacia arriba y dice “Dios, si verdaderamente existes, es hora de un milagro”. Entonces Lea, perdón Anne-Marie, interpreta el primer solo...
A pesar de lo anterior hay algunas cosas que se salen de contexto y dañan la armonía de esa bella historia y no me refiero al hecho de que tras 30 años sin tocar, una orquesta que no ha ensayado suene de la manera que lo hace, esos son licencias que se puede dar la ficción; yo me refiero a asuntos como el mostrar amarrado a la silla al violonchelista que apadrina económicamente a la orquesta, o aquella escena en la que los músicos se aglomeran a pedir la paga en un desorden insólito y a pesar del perfil psicológico de los personajes, nadie sale estafado.i
Por último es pertinente mencionar el gran acierto que tuvo el director en dejar sonar todo el concierto en tiempo real, brindándole a la audiencia la oportunidad de dos espectáculos en vez de uno, una hora larga de cine y cinco minutos de un “Gran Concierto”.
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| Imágen de cartelera. |
FICHA TÉCNICA
Extraida de http://www.cinevistablog.com/
Director: Radu Mihaileanu
Guión: Radu MIhaileanu bajo la historia original de Hector Cabello Reyes y Thierry Degrandi
Reparto: Alexeï Guskov (Andreï Filipov), Dimitry Nazarov (Sacha Grossman), Mélanie Laurent (Anne-Marie Jacquet), Francois Berleand (Olivier Morne Duplessis), Miou Miou (Guylène de la Rivière), Valeri Barinov (Ivan Gavrilov)
Música: Armand Amar
Fotografía: Laurent Dailland
Edición: Ludovic Troch
Sonido: Selima Azzazi, Pierre Excoffier
Vestuario: Viorica Petrovici
Guión: Radu MIhaileanu bajo la historia original de Hector Cabello Reyes y Thierry Degrandi
Reparto: Alexeï Guskov (Andreï Filipov), Dimitry Nazarov (Sacha Grossman), Mélanie Laurent (Anne-Marie Jacquet), Francois Berleand (Olivier Morne Duplessis), Miou Miou (Guylène de la Rivière), Valeri Barinov (Ivan Gavrilov)
Música: Armand Amar
Fotografía: Laurent Dailland
Edición: Ludovic Troch
Sonido: Selima Azzazi, Pierre Excoffier
Vestuario: Viorica Petrovici


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